La nueva realidad de la propaganda y cómo prepararse para no caer en ella
Entre las tendencias proyectadas para las comunicaciones y el marketing en 2026 una de las más recurrentes es la del llamado retorno a la autenticidad. Y es que, como ya se ha comentado ampliamente, la irrupción de la inteligencia artificial y la accesibilidad a aplicaciones tecnológicas, han hecho que la generación y difusión de contenidos sea cada vez más sencilla, pero también menos rigurosa y ética.
Esta vuelta a la autenticidad no responde entonces, a una motivación meramente nostálgica. En cambio, gravita en torno a la urgencia de devolverle un sentido de realidad y valores a la forma de informar y comunicar.
Hoy, prácticamente cualquiera con acceso a un teléfono inteligente tiene la posibilidad de generar contenidos automatizados y creíbles. Esta simpleza, más allá de sus enormes ventajas, permite alterar o crear realidades a medida de autores y audiencias y, eventualmente, construir narrativas sin sustento real y con sesgos intencionados. Eso, en un año electoral, como es el caso peruano, es de cuidado.
Slopaganda: la era de la propaganda y la inteligencia artificial
En sentido práctico, el término slop traduciría a algo así como materia residual o de poca calidad. En años recientes se ha adaptado para referirse al contenido informativo no deseado producido por inteligencia artificial. En otras palabras, es una suerte de paralelo con el spam en el correo electrónico. No obstante, las diferencias son significativas. Para empezar, el correo es considerablemente más fácil de reconocer, bloquear y olvidar. Los contenidos “basura” de la IA, en cambio, plantean una serie de desafíos adicionales, la primera es que vienen impulsados por algoritmos, es decir se asocian al propio comportamiento del usuario. El slop es, por tanto, bastante más persistente, aparece en simultáneo en distintas plataformas, se actualiza, y muta según los gustos, prácticas y redes de las personas. Y su desinformación es más creíble.
Ahora, si se agrega a la mezcla la propaganda, es decir la comunicación sistemáticamente persuasiva que emplea el tono emocional para influir y cambiar percepciones y comportamientos, con fines ideológicos o políticos, el riesgo se multiplica exponencialmente. Esto es lo que recientemente fue denominado slopaganda, es decir, la difusión masiva de desinformación generada por IA con la intención de manipular creencias y opiniones con fines políticos.
La desinformación como tendencia política
La slopaganda genera flujos interminables de desinformación a medida, más aún afianza sesgos al dirigirse o «targetear» a los usuarios según sus propios sesgos de confirmación. Es decir, si un grupo ya tiende a creer algo (cierto o no), la slopaganda permitirá identificar y reforzar sesgos según convenga a la posición política de quienes impulsen la narrativa en cuestión. A diferencia de otras plataformas y medios de comunicación tradicionales que llegan con mensajes unificados a grandes grupos, la inteligencia generativa permite evaluar, reevaluar y acotar información a medida para subaudiencias, de manera rápida y en grandes volúmenes. Esto, por ejemplo, se manifiesta en pequeños medios y plataformas locales que con frecuencia son emisores de desinformación e, irónicamente, son muchas veces consideradas las fuentes más confiables para ciertos segmentos.
En el estudio en el que se acuña el término slopaganda, sus autores Michał Klincewicz, Mark Alfano y Amir Ebrahimi Fard destacan el poder que implica el control del conocimiento. Al respecto, cabe resaltar, además, que incluso cuando se devela o comprueba la falta de veracidad de la slopaganda, con frecuencia algunos usuarios siguen creyendo, al menos parcialmente, en ella. En esa línea, un reciente artículo en The Guardian, destaca el caso de los seguidores de la administración Trump en EE. UU. y cómo la difusión de contenidos no reales que esta emplea parecería tener que ver más con la explícita intención de generar reacción emocional en sus bases, que con la de informar con veracidad.
Perú y la carrera electoral
Esta realidad no solo no escapa al Perú, sino que tiene aquí un escenario particularmente propicio. Según un estudio de Ipsos realizado en 2023, más del 80% de los peruanos considera que la inteligencia artificial está incrementando los fake news. Lo más saltante, sin embargo, es que una cifra similar de personas (78%) se considera en capacidad de reconocer la información falsa. Más allá de la probable sobreestimación de la propia capacidad para distinguir lo real de lo que no lo es, es de interés notar la alta percepción de información falsa generada con nuevas tecnologías en el entorno digital peruano. Todo ello, en un contexto en el que 1 de cada 3 peruanos consume noticias vía TikTok, es decir a través de plataformas audiovisuales en su celular.
Ya en pleno año electoral, es evidente el incremento de información política en línea, incluyendo contenidos editados, reeditados o generados desde cero con IA. Si se considera que, como se destaca en un artículo anterior de este Blog, según estudios del Banco Mundial el Perú no tiene una alta valoración por la evidencia y uso estadístico de la información, se configura un caldo de cultivo ideal para la slopaganda nacional. Un rasgo no exclusivo, pero sí distintivo del Perú en este contexto, es, además, la creciente presencia de las llamadas granjas de bots, que incluso con cierto grado de formalidad ofrecen servicios para construir o destruir corrientes de información a pedido, con ejércitos de perfiles falsos en redes sociales. La cancha, entonces, está marcada, y ahora lo importante es saber reconocer los riesgos para prevenirlos.
¿Cómo reconocer y cuidarse de la Slopaganda?
A continuación, algunos consejos y pautas para reconocer la slopaganda y sus variantes:
Señales de alerta:
- Provocación emocional. Si el contenido apela solo a sentimientos extremos como temor, angustia, rabia y no a la razón y argumentos.
- Lógica de nosotros Vs. los otros. El maniqueísmo y polarización extrema a partir de estereotipos para generar batallas innecesarias entre unos y otros.
- Información parcial e incompleta. Lo que en inglés se llama cherry picking, es decir el resaltar algunos hechos aislándolos del contexto para crear una posición incompleta y sesgada a favor de uno.
- Promesas idealistas y genéricas. Apelar a conceptos importantes pero amplios como el patriotismo y sobre simplificar temas complejos.
- Repetición excesiva y repentina. Aparición exagerada y espontánea de opiniones en una sola línea de pensamiento e incluso con fraseos similares.
Consejos para prevenirla:
- Cuestionar. Antes de dar algo por cierto, reaccionar o compartir contenidos, analizar la información con sentido crítico.
- Verificar fuentes. Siempre ver quién es autor o emisor de la información y considerar sus posibles motivaciones.
- Verificar datos (fact checking). De ser posible, consultar otras fuentes.
- Diversificar fuentes. Ser conscientes de sesgos de las fuentes frecuentemente consumidas y, en general buscar información en fuentes variadas y reputadas.
- Reconocer los sesgos propios. Analizar la propensión a creer lo que confirma nuestras propias creencias.
- Entender las burbujas en redes sociales. Ser consciente de las «burbujas» que se generan al limitar nuestros círculos, fuentes, referentes y entorno digital según gustos y creencias.
- Entender los algoritmos. Reconocer el rol de los algoritmos como potenciadores de sesgos al priorizar contenidos emotivos de alta interacción, más que información objetiva.
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