La importancia de comunicar con evidencia en épocas de desinformación y fake news
Aunque obviamente no tan conocidas o populares como Halloween o el día de la canción criolla, a fines de octubre se celebraron dos fechas crecientemente relevantes. Particularmente, en momentos en que la disponibilidad de información aumenta en proporción aparentemente inversa a su veracidad. El 20 se celebró el Día mundial de las estadísticas y el 24 el Día mundial de la información para el desarrollo. ¿Y, por qué esto es de interés para las comunicaciones?
Comunicar con evidencia
El Día mundial de las estadísticas, fue acuñado por la Organización de las Naciones Unidas a fin de promover el uso de información de calidad para sustentar mejores decisiones. Bajo el lema Impulsando el cambio con estadísticas de calidad y datos para todos, este año puso el foco en el empleo de datos para impulsar el desarrollo sostenible, bajo principios como transparencia, pertinencia y confiabilidad.
Por su parte, el Día mundial de la información para el desarrollo, también creado por la ONU, nació en 1972 para llamar la atención sobre la necesidad de tomar acciones concretas y con base técnica para atender los problemas más apremiantes de la humanidad.
En la era de la polarización y desinformación, en que muchas veces priman las emociones sobre los hechos y en que las redes sociales y la inteligencia artificial ejercen creciente influencia en las narrativas, estos recordatorios son un llamado de atención que conviene escuchar.
Desde la aparición, hace unos años, de los videos deepfake hasta el uso generalizado de bots para generar falsas corrientes de información y pensamiento en redes sociales, pasando por la amplísima gama de aplicaciones de inteligencia artificial para difundir situaciones ficticias como “reales”, hoy son muchas las fuentes de desinformación que compiten por atención.
Frente al incremento exponencial en la disponibilidad de información de toda índole y, sobre todo, ante la posibilidad de que cualquiera pueda generar y difundir nueva información, cabe reflexionar sobre la responsabilidad para asegurar una comunicación ética, transparente y con base en evidencia sólida.
Por casa ¿cómo andamos?
Lamentablemente, en el Perú no parece haber alto aprecio por la evidencia y estadística. De acuerdo con datos del Banco mundial, a 2023 el indicador de desempeño estadístico para el Perú es de 76.5 sobre 100. Esto lo coloca solo por encima de Venezuela, Bolivia y Paraguay en Sudamérica, y más de diez puntos por debajo de Colombia o Chile.
Este indicador evalúa aspectos como el uso, servicios, fuentes e infraestructura del sistema de estadística nacional por el Estado. En tal sentido, esta cifra puede ser un referente de la importancia asignada al uso de información científica para la toma de decisiones en el país e indirectamente, de su valoración por parte de la sociedad.
Curiosamente y pese a la limitada valoración al uso de datos y evidencia, los peruanos se consideran poco proclives a caer en la desinformación. Según el estudio Global Views on A.I. and disinformation (2023) publicado por Ipsos hace dos años, menos de la mitad de encuestados en 29 países considera que una persona promedio puede distinguir entre información falsa o cierta. No obstante, en el Perú esta cifra llega a 58%, la más alta en los países de América en el estudio.
Más aún, aunque 82% de los peruanos reconoce que la inteligencia artificial ayuda a generar fake news, casi la misma cantidad (78%) afirma ser capaz de discernir entre información real y falsa. Esta posible sobreestimación sugiere una tendencia riesgosa. Por un lado, hay poca valoración por la información sustentada y, por otro, una alta estimación de la propia capacidad para identificar información engañosa, que juntas podrían conjugar un caldo de cultivo para la propagación de desinformación.
Desinformación, confianza y medios
La desinformación y falta de evidencia claramente no son exclusivos de los medios en línea. Sin embargo, es en el terreno de las redes sociales y aplicaciones virtuales donde hoy parecieran originarse buena parte de las narrativas inexactas o abiertamente falsas. Y es que, la ayuda de herramientas, como las descritas antes, pueden ayudar a superar la falta de evidencia para generar fake news creíbles.
En ese contexto, es clave entender los patrones actuales de consumo de información. Según el Reuters Institute Digital News Report de 2025, realizado en 48 países en 6 continentes, el consumo en medios tradicionales continúa cayendo y la gente sigue migrando en masa al consumo de información – y noticias – en plataformas en línea.
En el caso peruano, hoy más del 80% recibe sus noticias de plataformas en línea. Además, 64% lo hace directamente de redes sociales. Estas cifras están muy por encima de medios como la TV y la prensa escrita. Más aún, el Perú está entre los seis países que más emplean el TikTok como fuente de noticias (33%) y es el número uno en América.
Nuevos tiempos y viejos principios: apuntes para una comunicación con evidencia y ética
Es claro que con ocho de cada diez peruanos recibiendo su información y noticias en celulares, crecientemente mediante plataformas de contenido audiovisual breve como TikTok, y muchas veces asistido por herramientas de inteligencia artificial, el tratamiento de la evidencia en la comunicación ha cambiado. Esto sumado a una sobrevaloración en la capacidad para distinguir lo veraz de lo que no lo es, plantea muchos retos para la comunicación honesta. Entre otros, en lo referido a sortear la saturación informativa, contrarrestar narrativas falsas y fake news, prevenir crisis y, sobre todo, construir y posicionar mensajes basados en evidencia.
Resulta necesario pues atender el desafío de renovar el protagonismo del dato frente al relato. Esto pasa por revalorar la evidencia en la comunicación. Ello, sin perjuicio de aprovechar al máximo el potencial de los medios en línea y las herramientas tecnológicas actuales.
A continuación, se plantean algunas recomendaciones simples en ese sentido:
- Confiabilidad. Usar sustento objetivo de fuentes confiables, reconocidas y certificables en sus campos de acción.
- Precisión. Referir con exactitud el dato, fuente, fecha y relación con el argumento construido.
- Claridad. Ser directo, puntual y sencillo en las afirmaciones y mensajes.
- Transparencia. Además de referir la fuente, aclarar cualquier interpretación o limitación pertinente para el dato empleado.
- Relevancia y contexto. Referir de manera clara el por qué es relevante el dato y fuente y cuidar no descontextualizarlo, para asegurar su adecuada comprensión.
- Balance. En línea con puntos previos, procurar una mirada equilibrada y de ser pertinente emplear más de una fuente.
De cara a contextos retadores, dominados por la polarización y el apasionamiento, como por ejemplo la pandemia o las próximas campañas electorales, es clave recordar la relevancia del dato frente al relato, en la comunicación estratégica.
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